“En un mundo donde el brillo de la fama y el éxito a menudo eclipsa la virtud de la humildad, es importante recordar su poder transformador en nuestras vidas”
(Equipo editorial de Pensador)
Adriana Núñez, periodista Visión CR
Según datos del Ministerio de Salud de Costa Rica, el país genera diariamente, entre 4,000 y 4,500 toneladas de basura. De ese total aproximado, se recolectan y gestionan cada día, alrededor de 3,300 toneladas de residuos sólidos ordinarios.
A pesar de los esfuerzos desplegados por empresas, municipios y en especial por los recolectores de basura, nuestra nación enfrenta una seria crisis debido a la cantidad de desechos, pues aproximadamente el 96 por ciento de estos, se deposita en rellenos sanitarios, mientras que tan solo entre 1 y 4% de los residuos, se recicla.

Los datos nos dejan boquiabiertos. Sin embargo, el tema de hoy no ronda en torno a la cantidad de basura que producimos los costarricenses, sino que en esta ocasión, deseamos realizar una justa y necesaria valoración alrededor de los funcionarios que día tras día, se encargan de recoger los residuos que se colocan frente a los hogares, negocios e instituciones de diversa índole, en todos y cada uno de los 84 cantones que conforman las 7 provincias del país.
El número de personas que laboran en este oficio tan sacrificado, oscila según sea el tamaño y presupuesto del gobierno local o del negocio privado al cual prestan sus servicios. Datos preliminares indican que la Municipalidad de San José es la que posee mayor cantidad de funcionarios pues brinda una amplia lista de servicios ambientales, entre los que se cuentan: recolección, barrido y manejo de residuos no tradicionales; mientras que en otros municipios más pequeños, como por ejemplo el de Sarapiquí, se trabaja con equipos humanos de apenas unos 10 empleados.
Independientemente de si son muchos o pocos, lo cierto es que dichos trabajadores, realizan una función indispensable para cada comunidad, pese a que su labor está subvalorada a pesar de que se exponen diariamente al riesgo de contraer alguna infección o enfermedad -especialmente respiratoria- e incluso a cortaduras, rasguños o accidentes más graves.

Aunque las municipalidades y empresas deben entregar equipo básico de trabajo a cada una de las personas que recolectan basura, es frecuente ver a algunos de dichos trabajadores durante sus recorridos, sin los insumos necesarios para proteger su salud. Supuestamente, ellos deben tener a disposición los siguientes materiales: ropa de alta visibilidad como lo son chalecos u overoles reflectantes; guantes resistentes a cortes y punciones; calzado de seguridad con punta de acero; gafas especiales para protección ocular y mascarillas respiratorias.
Y por supuesto, como esos elementos se desgastan por el uso continuo, la obligación de cada empleador, es reemplazar de inmediato las piezas deterioradas.
Más, como en muchos otros aspectos del servicio público, “del dicho al hecho, hay mucho trecho”. Así lo hemos podido constatar en distintas oportunidades.
Beneficiarios del servicio de recolección, a veces tampoco ayudan
¿Qué haría Ud. si durante 4 semanas consecutivas o más, nadie pasara a recoger los desechos de su hogar? Posiblemente si ello ocurriera, usted estaría muy preocupado por el riesgo de contagio, el mosquero frente a su casa, los malos olores y la posibilidad de que algún miembro de la familia, en especial menores de edad, pudiesen exponerse a accidentes, enfermedades o heridas.
Desafortunadamente, algunos no piensan en que esos mismos peligros acechan a los recolectores y por eso, con frecuencia encontramos basura que no ha sido debidamente empacada en bolsas aptas para contener los desperdicios o que a veces están mal cerradas y tiradas a ras del piso a merced de animales callejeros. Otras veces, vemos residuos de toda índole, acumulados en cajas de cartón húmedas y abiertas o simplemente, lanzados a lotes baldíos donde se convierten en imán de alimañas y mosquitos.

La función que desempeñan los recolectores de basura en nuestro país debe ser considerada como una de las más importantes para la salud pública. No obstante, ellos reciben ingresos módicos pues -sin contar jornadas extraordinarias- perciben de salario neto mensual -según datos de Paylab para 2026- entre ₡274.770 y ₡448.492 colones, dependiendo de la empresa, la zona en la que laboran y la experiencia de cada uno.
Actualmente, esos servidores se ubican en la clasificación de “Trabajadores en Ocupación No Calificada”, y su estipendio diario se fijó para este año en ₡12.436,41. La mayoría labora de lunes a sábado; cumplen jornadas que frecuentemente inician muy temprano en la mañana e incluyen turnos vespertinos/mixtos. Una parte de ellos constituyen personal de planta de los gobiernos locales. Pero en muchos casos, las municipalidades subcontratan los servicios de recolección con empresas privadas.
“Es de bien nacidos, ser agradecidos”
Tanto las instancias públicas como las privadas, están en la obligación de atender adecuadamente las necesidades de aquellas personas que día a día recolectan basura y limpian de desechos las comunidades a lo largo y ancho del país. Por ello, deben cumplir al dedillo con su contraparte, no solo al brindarles equipos adecuados para su trabajo, sino también mediante la oportuna cobertura de salud para quienes la arriesgan cotidianamente, en función del servicio que brindan.
En Costa Rica, es obligatorio que tanto los municipios como las empresas privadas que recogen desechos, cubran a los recolectores con el Seguro de Riesgos del Trabajo del Instituto Nacional de Seguros (INS), una póliza indispensable para proteger a dichos servidores ante accidentes o enfermedades laborales.

Aunque al igual que el resto de los trabajadores del país, pueden acceder a los servicios de la Caja Costarricense de Seguro Social, con la póliza del INS, se facilita la atención médica y la cobertura de incapacidades conforme a la legislación nacional.
La próxima vez que usted, amigo lector, o sus vecinos, depositen sus residuos al frente de la casa o negocio, para que el camión de la basura se los lleve, háganlo con gratitud y plena conciencia sobre la función vital que desempeñan las personas que recogerán esos desechos. Cierren bien las bolsas y colóquenlas e sitios accesibles; depositen vidrios y material punzocortante en cajas gruesas bien selladas y rotuladas; si se rompen antes de que los recolectores lleguen, procuren introducir los desechos en una nueva bolsa para que no queden desperdicios en calles y aceras.
Tengan presente que todos los recolectores de basura en Costa Rica enfrentan altos riesgos laborales, no solo por el permanente contacto de los distintos tipos de residuos con sus extremidades inferiores, tronco y manos, sino porque además, soportan niveles de ruido que superan los límites permitidos; están expuestos al tránsito vehicular mientras ejecutan su labor y a diario deben alzar y trasladar manualmente pesadas cargas, que entre otras, les provocan, además de las respiratorias, enfermedades que incluyen problemas musculoesqueléticos por vibraciones y lesiones de rodilla.
Para finalizar, a título personal, solo me resta agradecer a las cuadrillas de recolectores que prestan servicios en las localidades aledañas a mi sitio de residencia: San Rafael, Las Nubes y Cascajal de Coronado. Su labor es extraordinaria. ¡Muchas gracias!