Sexo: ¡hasta en la sopa!

Sexo: ¡hasta en la sopa!

«Ni tanto que queme al santo, ni poco que no lo alumbre»

(Refrán mexicano)

Adriana Núñez, periodista

La sexualidad, presente durante toda la vida del ser humano se ha convertido en el tema más citado y manoseado de nuestra época. Y por eso, con gran frecuencia en nuestros días se escuchan comentarios relativos a la actividad sexual, en el sentido de que no solo ha perdido el profundo valor que se le daba, sobre todo en el marco de una relación de pareja, sino que además, en innumerables casos se ha transformado en una acción meramente física, prácticamente “mecánica” y muy a menudo sobrevalorada.

Por un lado, ante la avalancha de mensajes centrados en el “desempeño sexual” exacerbados por el cine, la televisión y otros medios masivos de comunicación, a miles de hombres y mujeres la dinámica les provoca enorme presión, en virtud de las expectativas que priorizan rendimiento y frecuencia, provocando que quienes tienen un ritmo distinto, se sientan totalmente fuera de lugar si no se ajustan a los “ideales” que continuamente se publicitan.

Y por otra parte, esa misma sobreexposición de la actividad sexual, ha impactado negativamente las relaciones amorosas y la capacidad de compromiso, ocasionando que el nexo afectivo que la intimidad conlleva, se vea sometido a una enorme carga en la que precisamente peligra la conexión emocional.

Bajo nombres sugestivos tales como «Sexo: las siete claves para que tus relaciones se vuelvan una experiencia salvaje» algunos diarios noticiosos españoles tratan de cosechar más lectores

Adicionalmente, aunque mucha gente se jacta de que lo que se está viviendo es una “verdadera revolución sexual”, donde la conducta individual y por supuesto la de grandes conglomerados humanos -para bien o para mal- se ha modificado, lo cierto es que, paradójicamente, la total apertura, tal y como sucedía en épocas menos “abiertas”, sigue causando efectos negativos que -entre otros-  se denotan en la inestabilidad emocional que experimentan miles de personas, en frecuentes situaciones de riesgo, violencia física y mental, problemas de salud  asociados al tema, embarazos no deseados y por supuesto, estrés social.

En su artículo titulado “La devaluación sexual”, publicado en la plataforma digital “Yo influyo”, el articulista mexicano Jorge Espinosa Cano, hace referencia al polémico tópico indicando que mientras “en los conceptos más tradicionales se relaciona la sexualidad con el amor y la generación de la vida, con un sentido de entrega plena de una persona a la otra, no solamente física, sino en la totalidad del ser”, en la actualidad la temática se promueve irresponsablemente “de forma constante en los medios de comunicación mediante mensajes continuos durante todo el día”.

“Parece que hay una necesidad incontrolable de las relaciones sexuales, a tal grado que en la práctica se ve con toda naturalidad que apenas se inicia una relación, se considere como algo muy común tener sexo, inclusive totalmente casual” señala Espinosa y agrega que dichos encuentros, muchas veces están influenciados por la ingesta de alcohol y otras drogas durante fiestas o reuniones, de tal manera que son interacciones que tienen ya “muy poca trascendencia”.

Sexo casual: algunos pros y muchos contras

Los expertos señalan que experimentar y aprender sobre lo que a cada quien le gusta, son algunos de los beneficios del sexo casual.  No obstante, son claros al apuntar que un amplio número de personas prefiere relaciones sexuales estables, producto de atracción y sentimientos mutuos, condiciones que aportan fuerza y profundidad a sus vínculos de pareja y que les brindan equilibrio emocional.

Según algunos articulistas, muchas relaciones de sexo casual, surgen producto del licor o las drogas que se ingieren en bares, fiestas y otras actividades sociales

Lo cierto es que múltiples páginas sobre psicología, salud y sexualidad, señalan claramente que aunque los encuentros casuales-que siempre han existido- aportan ciertas ventajas inmediatas a quienes los practican, como por ejemplo el hecho de que contribuyen a inhibir el estrés gracias a que con el orgasmo, el cuerpo libera oxitocina y endorfinas que incrementan la sensación de felicidad, el período de tiempo en que la sensación ocurre, es aún más corto que los cinco minutos de fama que algunos buscan con ahínco y que en realidad, pasan a la velocidad del rayo.

Incluso varios especialistas indican que existe el peligro de que la reiteración de ese patrón basado en encuentros sexuales pasajeros, al cual muchos acuden simplemente por experimentar un placer fugaz o por evadirse de la realidad, induce a miles de personas a convertirse en “adictos al sexo” sumado ello a que en circunstancias en las que no media la adecuada protección, se multiplica el riesgo de contraer enfermedades o infecciones de transmisión sexual, entre ellas, la del papiloma, que es una de las más frecuentes. Eso sin contar que tras la actividad, algunos individuos experimentan una fuerte sensación de soledad y abatimiento.

La dinámica es prácticamente mundial. Por ejemplo, mientras la producción cinematográfica y literaria en España, en los últimos años, hace un énfasis “brutal” en las descripciones detalladas de los encuentros sexuales de los protagonistas, en Costa Rica, se habla constantemente de sexo en la calle, en las redes sociales, los chistes y discursos políticos, los encuentros familiares, anuncios, etc… En fin, aparece hasta en la sopa; no siempre con la madurez y la sensatez necesarias. Recordemos que el público es amplio e incluye niños y niñas que no pueden asimilar adecuadamente tanta información. Lamentablemente algunos de esos niños, de acuerdo con lo que registran estudios realizados en la última década, inician sus interacciones sexuales alrededor de los 11 o 12 años, cuando ni física, ni mental o emocionalmente, están preparados para ello.

 

 

 

 

 

 

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