Federico Paredes, analista agroambiental.

La designación de un Día para la Tierra o para el Medio Ambiente probablemente ha tenido la mejor de las intenciones sobre cada uno de ellos, pero ¿se oponen o duplican entre sí? ¿son necesarias ambas fechas?
Esto de la designación de un Día para los Bosques, para los Parques Nacionales, para el Árbol, para los Océanos, para la Capa de Ozono o para los Humedales, puede tener su sentido en la medida en que son vivos recordatorios de asuntos específicos que se deben de cubrir.
En el recién celebrado 5 de junio, cuando se creó en Estocolmo allá por 1972, el Día Mundial del Medio Ambiente, la idea fue empezar a corregir acciones antrópicas mal realizadas en los diferentes ecosistemas o ambientes de este maltratado Planeta, por ejemplo, el desecamiento de manglares contiguo a puerto Quepos, o la eliminación de extensos bosques húmedos del Caribe para la siembra de piña y banano.

Los delegados gubernamentales en aquella reunión de Naciones Unidas en Suecia daban el primer paso para crear conciencia sobre esta necesidad a nivel planetario.
Como derivación, al arrancar con la generación de una nueva conciencia, se iniciaba además el recorrido por lo que se conocería como educación ambiental, una educación que alcanzaría no solo los modelos curriculares o de educación formal, sino aquellos informales y dentro de las diferentes instituciones -públicas o privadas-.

Esta nueva sensibilidad haría que los Gobiernos empezaran a crear políticas públicas de corte ambiental e instituciones como el Ministerio de Ambiente y de los Recursos Naturales, MARN en Venezuela, INDERENA, Instituto Nacional de Recursos Naturales de Colombia, la Secretaria de Medio Ambiente y los Recursos Naturales, SEMARNAT de México, o el MIRENEM, Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas Costa Rica, hoy Ministerio de Ambiente y Energía, MINAE.

Luego se crearon en Costa Rica, otras instancias relacionadas, como la SETENA (Secretaria Técnica Nacional Ambiental),la Procuraduría Ambiental o el Tribunal Administrativo (TAA), un ente desconcentrado del MINAE.
Fue en este país donde se acuñó por primera vez, en la década de los noventa, el termino ecoturismo, para caracterizar un disfrute turístico perfecto con la naturaleza, sobre todo en áreas silvestres protegidas. Esto también es producto de esa corriente mundial de sostenibilidad.
Ahora bien, no se trata de crear instituciones o instancias, por crearlas, se trata de establecer entes o mecanismos que realmente respondan a necesidades ambientales específicas, es decir, que se ubiquen a la altura de los tiempos.

Los impulsos conservacionistas han permeado sociedades como la china o la árabe (Arabia Saudita), que se han dado a la tarea de hacer inmensas reforestaciones en zonas desérticas, como el norte de China o en la misma península arábiga. Pero resulta que ahora (2026), el mismo Brasil, poseedor de la mayor selva tropical del mundo, está impulsando la reforestación de áreas amazónicas que han sido taladas o devastadas para sembrar soya o hacer pastizales para el ganado vacuno. ¿Peso de conciencia?
En este contexto han aparecido nuevos términos y conceptos como zoo-criaderos, corredores biológicos, agricultura regenerativa, energías blandas, biodiversidad, sumideros de carbono, huertos orgánicos y otras similares.

Al igual que celebramos el Dia de la Madre, sabiendo que a la madre se le honra y se le ama todos los días del año, así debe de ocurrir con los objetivos de las diferentes conmemoraciones ambientales. No es cierto que solo nos acordamos de los parques nacionales los 24 de agosto de cada año, sino que nos sentimos orgullosos de que esas áreas protegidas están preservando cada día los activos más valiosos de nuestro entorno ecológico.
La Reserva Biológica de Monteverde, administrada por una ONG de corte científico, es reconocida mundialmente por caracterizar lo que es un bosque nuboso, es decir, aquel que atrapa la humedad de la Zona Norte, empujada por vientos desde el Caribe, y que facilita la vida de una interesante serie de aves, dentro de ellas el hermoso quetzal ( Pharomachrus moccino) o las diferentes ranitas que perviven a pesar de los embates del cambio climático.

Hoy en día, la Reserva de Monteverde ha permitido, colateralmente, que se desarrolle toda una serie de actividades de ecoturismo, como tirolesas, puentes colgantes en el bosque, mariposarios, serpentarios, senderos naturalistas con miradores y, por supuesto, toda una infraestructura hotelera, desde hoteles sofisticados, hasta diversos albergues naturalistas para mochileros y toda suerte de aventureros.
Como corolario, debemos señalar que las celebraciones ambientales, poco a poco han ido permeando la conciencia de las personas y de la sociedad en general, con el fin de recordarnos que aquel tópico específico merece atención especial y que es digno de ser admirado y protegido, con los mejores recursos que tengamos a nuestro alcance.