José Luis Valverde, periodista.

No puedo afirmar fuera la señora Presidenta, quien exclamó la popular palabra, ya el doctor Paer, la había proferido en cámaras ante un temblor de gran magnitud.
El territorio de Crucitas, en la zona norte, no es tierra de nadie; los dueños, aunque ilegítimos, espantaron la enorme comitiva presidencial, llena de policías, curiosos, metiches, pero carente de servicios de inteligencia.
Cuando algún mandatario o figura importante en cualquier parte del mundo visita un sitio, lo primero es la avanzada previa, para garantizar, en la medida de lo posible el acceso al lugar, así lo hacen los servicios de investigación serios, profesionales, al parecer, en la folclórica tiquicia, desde hace tiempo el razonamiento fue desplazado por las poses, improvisaciones, espectáculo, ocurrencias.

NO VAYAN TAN LARGO
Para asustarse por la inseguridad no se necesita ir muy lejos, el temor se siente con sólo alejarse unas cuadras de la Avenida Central o de los parques en las cabeceras de provincia, cuando los jóvenes van de fiesta, en colegios, escuelas, distintos sitios públicos y privados, la presencia de ese alguien, a quien advertimos sospechoso, pone en alerta los sentidos ante el temor de un sicario repartiendo balas a diestra y siniestra.

A LO MEJOR
A lo mejor, el sobrevuelo, con representación de las diferentes fracciones en la Asamblea Legislativa, hubiera bastado, pero no cabían las luces, cámaras, el flash para documentar el espectáculo, no lo esencial para la toma de conciencia ante un asunto manoseado, pospuesto, mientras el oro, ganancias, van al bolsillo de los mercenarios, con dinero suficiente para pagar una bombeta de turno, poner a todos “pecho en tierra” como se dice en el argot militar, tan lejano antes, cercano ahora en el vocabulario costarricense.

SEAMOS SERIOS.
¡Jueput..! pongámonos serios a trabajar, Crucitas, son los jóvenes sin estudio ni trabajo, el desmantelamiento del sistema educativo, las inhumanas listas de espera en los desfinanciados servicios del Seguro Social, mientras se monta el espectáculo por el oro, otros tesoros son saqueados impunemente.

Antes de repartir culpas, a lo mejor, mas sano distribuir hojas en blanco, plasmar ideas, debatirlas con argumentos válidos, sin descalificaciones previas, omitir rancios epítetos de comunistas, filibusteros, otras bajezas en procura de silenciar o descalificar al prójimo.
OTRO DÍA
Un día más, los coligalleros harán en inhumanas condiciones la tarea, otros reparten dádivas, mientras aseguran engorden las cuentas bancarias, ríen en la opulenta impunidad, contemplan la patética escena, entre barriales, ¡sálvese quien pueda! sale despavorida del teatro la nutrida comitiva presidencial.
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