Confesión de títere

Confesión de títere

Ufrán García, periodista.
¿Alguien con mediano entendimiento, siquiera, puede imaginar a Rodrigo Chaves subalterno de Laura Fernández? La flamante candidata del oficialismo se dejó decir, como gran cosa, que tiene planeado designar a Chaves ministro de la Presidencia, si la pega y ese que el chavismo llama «pueblo» la favorece en las urnas.
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La verdad es que esa salida verbal de la muy limitada aspirante a la silla de Zapote encierra una triste confesión: su papel de títere de Chaves.
Antes de la escogencia, muchos sesudos analistas dudaban de que la Fernández fuera la ungida del «mesías» venido desde el sudeste asiático tras ser sancionado por el Banco Mundial para pasearse en el buen nombre de Costa Rica. Es que la muchacha carece incluso de facilidad de palabra (hay quienes prefieren hablar de claridad mental), aparte de que su voz es débil. Cuando pretende imitar a su ídolo y hacerse la brava, es más evidente aún su mentirosa candidez. Aún no se atreve a pasar por graciosa y menos por payasa.
Quién sabe si cuando caliente la campaña se animará a caminar por la acera de los pachucos. Pilar Cisneros dijo de ella que tiene dificultades para expresar una idea sencilla en palabras que le lleguen a los «básicos». Entonces, ¿por qué la escogió Chaves? Es obvio que una primera condición es la de incondicional; la segunda, derivada de la otra, es la de absolutamente sumisa. No importa que esté lejos de ese calificativo de presidenciable.
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Chaves confía plenamente en que él hará a su pupila una transfusión de popularidad para que gane de una vez el 1⁰ de febrero. La condición de narcisista convence al examigo de la señora de Purral (no le bajó el precio de la leche y menos el de las medicinas) que no importa quién aspire a Zapote, si cuenta con su respaldo. Entonces, como lo creyeron otros dictadores, él tendrá cuatro años más de mandato, pese a que aparezca como manso ministro de la Presidencia.
Mientras tanto, con los 40 diputados con que sueña será reformada la Constitución Política para que haya reelección continua. O sea, para que Costa Rica tenga dictador.
Algún sector chavista insistió en citar a Pilar Cisneros como candidata presidencial idónea, pero, ¡qué va!, un aspirante a dictadorzuelo no admite competencia y menos a alguien que le dispare a todo lo que se mueva pues de repente apunta hacia él. Laurita está apenas a la medida de los cálculos maquiavélicos de Chaves. ¿Le saldrá bien la apuesta? Quién sabe.
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Obviamente, deseo de todo corazón que no. Costa Rica no lo merece. Pienso que cuando la muchacha que firma en el aire esté sola en los debates, principalmente, quedará expuesta sin tapujos su incompetencia y su chapulín colorado no podrá salvarla ante el juicio ciudadano.
Me gusta mucho aquel criterio de don Ricardo Jiménez: «Los costarricenses son como las mulas de noche, huelen el peligro».
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