Manuel López, Administrador de Empresas.

Según lo que establece la enciclopedia libre de Wikipedia, el Río Sena es un curso de agua europeo de la vertiente atlántica que discurre únicamente por Francia, con una longitud de casi 776 km, siendo el tercero más largo del país.
Drena una cuenca hidrográfica de 55 000 km2, o sea el 18% del territorio francés, administrativamente, recorre cuatro regiones francesas a saber: Borgoña-Franco Condado, Gran Este, Isla de Francia y Normandía y catorce departamentos.
Este cuerpo de agua atraviesa además algunas ciudades importantes – Troyes, Melun, Ruan y especialmente la capital París, que se ha desarrollado sobre sus dos márgenes, y en la que los recorridos típicos (bateaux mouches – barcos de excursión), son una atracción turística.

Desde el año 1923 no era posible bañarse en ese río debido a la severa contaminación que presentaba, producto de la descarga de aguas residuales no tratadas, residuos industriales y el intenso tráfico fluvial, lo que hacía el agua insegura para la salud.
Los parámetros de contaminación de este río eran tan altos, que se podía encontrar una altísima densidad de bacterias (especialmente Escherichia coli), los niveles de oxígeno eran muy bajos y los niveles de amoniaco muy altos, lo que impedía el desarrollo de la vida acuática, asimismo, la carga de nutrientes (nitratos y fosfatos), así como microcontaminantes por desechos industriales, urbanos, agrícolas y fluviales, hacían que este río fuera biológicamente muerto y peligroso para la salud humana.

Ante estas circunstancias, la recuperación del río SENA se comenzó a gestar en el año 1988, con el entonces alcalde de París, Jacques Chirac, quien prometió bañarse en él, pero fue bajo la presidencia de Emmanuel Macrón y la alcaldía de Anne Hidalgo, que se implementó un ambicioso plan de limpieza, culminando con la apertura de este río para el baño público en el verano del 2025.
El impulso moderno se dio entre los años 2016 al 2025, motivando una limpieza a gran escala con el objetivo de usar el SENA para eventos olímpicos (triatlón y natación), y aprovechando la ejecución de los Juegos Olímpicos 2024. Para ese objetivo, se invirtieron aproximadamente entre 1400 y 1500 millones de euros en obras de saneamiento.
Entre las principales obras ejecutadas destacan la construcción de un gran depósito subterráneo (Bassins de Rétention) para almacenar decenas de miles de metros cúbicos de agua de lluvia para evitar el arrastre de contaminantes y que terminaran en el río, de igual forma, se redireccionaron las aguas residuales mediante la desviación de tuberías de más de 23,000 residencias que antes descargaban directamente al SENA, conectándolas al sistema de alcantarillado sanitario.
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Por otra parte, se modernizaron las plantas de tratamiento o plantas depuradoras de las aguas residuales, para mejorar la calidad del agua antes de ser devueltas al río y finalmente, se implementaron sistemas para conectar los barcos que navegan por el SENA, a la red de saneamiento, evitando que viertan sus desechos directamente al agua.
Todo lo anterior, permitió que, en julio del año 2025, lo parisinos y turistas pudieran nadar nuevamente en el río SENA en zonas designadas por primera vez en más de un siglo, específicamente se autorizaron zonas cercanas a la Torre Eiffel y Notre Dame, con infraestructuras especiales.
Actualmente, sigue estando prohibido nadar fuera de las zonas delimitadas por cuestiones de seguridad, sin embargo, el río paulatinamente y con el desarrollo de obras de saneamiento, sensores instantáneos, muestras analizadas y el con apoyo de la sociedad, ha ido recuperando poco a poco la calidad de sus aguas.
Este buen ejemplo de la alcaldía de París, mediante un trabajo consiente, planificado y sostenido para recuperar el río SENA, se contrapone a la improvisación, a la mediocridad y al desconocimiento de Costa Rica, respecto a la forma en que deben desarrollarse los proyectos de saneamiento, sobre todo cuando son políticos incapaces y temerarios los que, sin ningún fundamente técnico, meten sus narices en la toma de decisiones que corresponden a los expertos.

No hay que ser un versado en ingeniería ambiental o sanitaria, en hidrología o en biología, para concluir que los ríos de Costa Rica y principalmente del área metropolitana de San José (GAM), son cloacas a cielo abierto.
Las principales cuencas de la GAM tales como los ríos Rivera, Torres, María Aguilar, Tiribí y Virilla (entre otros), están siendo sometidos desde hace muchos años a contaminación fecal, pluvial y de desechos sólidos y orgánicos, que los han convertido en un foco de contaminación que trasiegan hasta el río Grande de Tárcoles, convirtiéndolo en uno de los ríos más contaminados de Centroamérica.
Para los que hemos estado imbuidos en temas del saneamiento de las aguas residuales, teníamos la esperanza que, con el desarrollo del Proyecto de Mejoramiento Ambiental del Área Metropolitana de San José, se comenzarían a dar los primeros pasos para la recuperación de estas cuencas. Este proyecto prometía una recuperación ambiental significativa, así como la eliminación de contaminación por sistemas de tratamiento individuales (tanques sépticos) y conexiones cruzadas entre redes pluviales y de alcantarillado sanitario, que descargan actualmente a estos ríos.

El proyecto prometía la construcción de una gran Planta de Tratamiento de Aguas Residuales que trataría todas las aguas residuales producidas en la GAM, la construcción de redes generales, la ampliación de colectores y subcolectores, de un túnel de trasvase y hasta de un emisario metropolitano, que estaría listo para entrar en operaciones en el año 2015 y que por atrasos en los procesos de diseño y financiamiento en el año 2025.
Lo anterior se cumplió de forma parcial, efectivamente se construyó una gran Planta de Tratamiento para tratar las aguas residuales, la cual apenas logra brindar un tratamiento primario, es decir, se tratan los lodos fecales y se eliminan algunos desechos sólidos, pero el agua sigue cayendo al río Torres sin tratamiento biológico. De igual manera, se construyeron algunas obras como el túnel de trasvase y el emisario metropolitano y algunos colectores y redes generales, no obstante, todos estos sistemas a pesar de la gran inversión que se realizó, continúan estando subutilizados o buena parte no se construyeron.
La razón, es muy sencilla algunos políticos y técnicos inexpertos, tomaron la decisión de cerrar el Proyecto de Mejoramiento Ambiental administrado por el AyA, sin haber finalizado la totalidad de las obras para evitar la contaminación que hoy muestran las cuencas de la ciudad y de zonas costeras, utilizando como argumento, la falta de financiamiento para ejecutar esas obras, cuando ya se estaba muy cerca de su culminación.
Lo anterior implica que miles de kilómetros de redes sanitarias quedaron enterradas sin entrar en operación, miles de tanques sépticos se quedaron sin conexión a esas redes sanitarias, que la mayor planta de tratamiento de aguas residuales de Costa Rica, apenas opera a un 25% de su capacidad real y que miles de toneladas de lodos fecales se continúan descargado a los ríos sin tratamiento.
Es evidente que cuando la política y la inexperiencia técnica se meten a tratar de descubrir el agua tibia, se producen estos pecados capitales, un sistema de saneamiento cuyo costo rondó más de 500 millones de dólares, quedó literalmente enterrado, y los entes reguladores, que deberían estar pidiendo cuentas por los resultados de este y otros proyectos similares, brillan por su ausencia y los fondos públicos se continúan yendo por el sistema de alcantarillado sanitario.

Yo me pregunto, ¿Cuándo será que nuestras autoridades emulen a las autoridades de la Alcaldía de París que están rescatando el Río SENA, con el fin de que en algún momento el Río Tárcoles pueda mostrar algún ápice de recuperación?, estoy seguro que eso sucederá únicamente, cuando políticos irresponsables e inexpertos dejen de “liderar” instituciones como el AyA, la cual indefectiblemente, debe ser dirigida por profesionales experimentados en el negocio del agua potable y del saneamiento de las aguas residuales.
Muy buen comentario sobre el Sena y el río Tárcoles. Lamentablemente hay un abismo de diferencia entre ambos casos.
Aún nos falta mucho para estar a la altura de estos casos europeos.
Ejemplarizante ha sido también la decisión de Inglaterra con su icónico Támesis, que luego de un enorme esfuerzo ha logrado recuperar el ciclo de vida de los salmones en un río que era un vertedero de aguas residuales e industriales.
Como dice López, es hora de poner verdaderos técnicos en la dirección de instituciones que lo que requieren es rigor técnico para hacer las cosas correctamente y dejar de pecar por omisión o por improvisación.
Es muy triste la politiquería en Costa Rica con el Chavismo que en un desierto lo avanzado.